CARLOS PEREZ PESTANA
Después de pasear, previo el obligado descalzarse, por la sala del Matadero "ABIERTO X OBRAS" y asimilar la primera sorpresa ante la originalidad de los materiales utilizados por Carlos Garaicoa para la realización de las obras expuestas, experimenté otra sensación de sorpresa, cuando hojeando los catálogos y escuchando la entrevista que le hizo el Sr. Castro Flórez, conocí a una clase de artista que, pensaba, se había extinguido desde aquellos lejanos tiempos del Barroco, en que los artistas trabajaban en poblados estudios dode se practicaba la división del trabajo: el artista-equipo. Arquitectos, maquetistas, informática, robótica, etc., forman parte del equipo que convierte en realidad palpable (y en este caso, pisable) las ideas artísticas de Carlos Garaicoa.
Pero la originalidad no sólo radica en los materiales y técnicas utilizadas, sino también en la temática de la exposición: antiguos rótulos embutidos en pavimentos de su Habana natal; rótulos que, modificados o ampliados, según la necesidad de expresión del artista, se convierten en alegatos amablemente subversivos, no sólo en la Cuba actual, sino también en cualquier modelo político-económico de sociedad. Desgraciadamente, no conozco Cuba (como Alberti, que nunca fue a Granada) pero tengo la sensacion de lo que en algunos lugares -demasiados- es represión política de la libertad de expresión y crítica, en otros muchos la represión es económica, mucho más sutil, eso sí, pero que actúa igualmente, obstaculizando la difusiónde aquella obra que pueda resultar incómoda para el sistema y sus controladores.
Carlos Garaicoa toma rótulos y letreros embebidos en los pavimentos de La Habana e ironiza con el hecho de que los mismos ya no anuncien nada: los comercios o entidades a los que servían ya no existen, son fantasmas de un pasado ya lejano, y que supongo, a las generaciones posteriores de habaneros nada les dicen; son simples espectros inmortalizados en el suelo, como esas lápidas de cementerio bajo las cuales perduran los restos de personas a las que ya nadie recuerda. Pero en este caso hay una gran diferencia: el artista los resucita dotando de nuevas características al rótulo fantasmagórico, les añade su propia e irónica aportación, los cambia para, así, insuflarles nueva vida en un nuevo contexto que éllos no llegaron a conocer:lo actual.
¿Nostalgia o pesimismo? Pienso que el trabajo que se muestra en la exposición tiene más de pesimismo que de nostalgia. El autor, dada su relativa juventud, no parece que pueda sentir nostalgia por un mundo para él desconocido, pero sí padecer un cierto pesimismo ante un futuro que en Cuba -y en otros muchos lugares- se nos presenta repleto de dudas. Ésto lo podemos ver y sentir en esa ciudad de velas ardientes que, vemos en los catálogos, allí se deconstruye.
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