Christofer Nolan nos trae su nueva película, “Origen”, para mí difícil de encasillar, pero podría resumirse en mezcla muy bien combinada de thriller, película de acción y ciencia ficción. El protagonista es Don Cobb, un ladrón de información que actúa dentro de los sueños, pero por circunstancias del destino deberá hacer el trabajo contrario: implantar una idea en la mente del heredero de una gran empresa energética, pues sólo así podrá volver con su familia. Y es en esa familia soñada donde se asienta toda la trama, en las caras ocultas de unos niños alejados de su padre por una idea (la idea) que arraigó con fuerza en la mente de su esposa. Una esposa muerta cuya proyección en todo momento intenta sabotear los planes de Cobb, una proyección creada desde el subconsciente del propio protagonista, por lo tanto lo único que se opone a los planes de éste es su propio subconsciente, su culpabilidad. Culpabilidad que está presente en toda la película, y sólo al final logrará deshacerse de ella, gracias, sobre todo, a la arquitecta Ariadne. Cabe entonces compararla con la Ariadna mitológica, la cual ayudó a Teseo a salir del laberinto del minotauro, igual que Ariadne ayuda a Cobb a salir de su laberinto de sueños y culpabilidad. Por tanto podríamos decir que Ariadne le hace un origen a Cobb, le implanta la idea de que él no es el culpable de la muerte de su mujer. Y aquí llegamos a uno de los temas centrales de la película, la implantación de una idea en la mente de una persona. Algo que puede resultar tremendamente difícil, pero que desde otro punto de vista puede ser incluso sencillo, pues como dicen en el film, una idea es el parásito más poderoso y resistente. Siempre queda rastro de ella en tu mente, escondido en algún lugar.
El mundo de los sueños es algo que siempre nos ha inquietado. Un mundo donde todo es posible, donde se refleja lo escondido en lo más profundo del subconsciente, nuestros deseos, nuestros miedos… El director pretende hacer experimentar al público la realidad sin límites que sólo podemos alcanzar en sueños. Sin embargo no me parece que consiga este objetivo del todo, pues es verdad que en la película aparecen escenas increíbles, que sólo podrían ocurrir en sueños, pero lo hace todo demasiado arquitectónico, cuando en verdad cuando sueñas en lo que menos reparas es en la arquitectura que te rodea. Queda todo demasiado frío y aún así cuesta despegar la mirada un solo segundo de la pantalla por temor a perderse cualquier detalle. Nolan nos adentra en un sueño, dentro de otro sueño, dentro de otro sueño… Pero no es esto lo que hace complicada la película, sino la distinción entre realidad o sueño que hay que hacer continuamente a lo largo del film. Llama la atención las numerosas dudas con las que uno termina al finalizar la película, sobre todo la gran pregunta que todos nos hacemos: “¿Será realidad o sueño el final?”
Lo cierto es que todos soñamos y todos alguna vez nos hemos preguntado por el mundo onírico, por ello esta película de Nolan no ha dejado indiferente a quien la ha visto, tanto a los que les ha gustado como a los que no.
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