viernes, 29 de octubre de 2010

Amor hecho a la fuerza no vale nada, Andrea Martínez



“La Historia de Nastagio degli Onesti “ es una narración de Bocaccio perteneciente a la quinta jornada del “Decamerón”, en la cual se inspiró el pintor italiano del Quatroccento, Sandro Botticelli para representarla. Consta de una saga de cuatro paneles al temple donde cada cuadro actúa como una viñeta de cómic mostrando de una manera particular el desarrollo de la historia.

Nastagio al ser rechazado por amor abandona Padua y se instala en sus afueras internándose en un pinar donde presencia una persecución a una mujer por un jinete, Guido y sus mastines. Éste le cuenta que su amor tampoco fue correspondido lo que le llevó a suicidarse sin que la joven se conmoviera por ello. Por eso, es condenada al infierno, donde se castiga a ambos con esta persecución que deberá repetirse cada viernes. Al presenciar Nastagio la escena en la que el jinete alcanza a la mujer desgarrando su costado y arrojando sus entrañas a los perros, huye despavorido y utiliza esta historia para sacar provecho contándoselo a su amada, invitando a ésta y a sus familiares a un banquete donde se vuelve a repetir la persecución. La amada finalmente le hace saber su disponibilidad al matrimonio por medio de una criada, siendo el cuarto panel la representación del banquete nupcial.

El relato que plasma Botticelli en sus cuadros tiene un contenido de violencia y visión del horror que marca la teoría de una sociedad instigada al miedo y donde la mujer es tratada como pecado, por ello es mayor su castigo al no mostrarse afligida por la muerte del hombre al que no quiere. Persecución y agresión sumado a la comparación con una presa de caza, simbolizando o representando de este modo el origen violento del matrimonio. Botticelli además señala la desnudez de la mujer asociada con la crueldad y el martirio.
Siguiendo en esta línea podemos relacionar esta historia con el mito de “Diana y Acteón” pero invertido. El ajusticiado y castigado duramente en este caso es Acteón por la diosa Artémis que lo convierte en un ciervo excitando contra él a los perros de su jauría que se abalanzan sobre él.

En cuanto a las técnicas, utiliza la perspectiva como forma de narración y el punto de fuga es ese camino que dejan paso los árboles donde se puede divisar incluso el paisaje que hay al fondo. Somete además a la arquitectura en el último cuadro como recuerdo del bosque primigenio aunque precisamente este cuadro no se le atribuye a Botticelli.

Obra encargada por Antonio Pucci para el matrimonio de su hijo, no sé si con un algún doble sentido, que ”escondida“ en una sala del Prado pasa desapercibida lamentablemente pero intacta, guarda sus encantos.

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