lunes, 4 de octubre de 2010

“CAMINANDO SOBRE ARTE”, por Ángela Gutiérrez Palancarejo

Nada más entrar en la sala “Abierto x Obras”, antigua cámara frigorífica del Matadero de Madrid, la curiosidad invade al espectador, porque para poder pasar debe quitarse los zapatos. Una vez dentro, sorprende encontrarse con un suelo de moqueta en el que hay 7 tapices expuestos en el suelo.
Estos tapices son obra de Carlos Garaicoa (La Habana, 1967), a cuya exposición ha titulado “Fin de silencio”. Al contrario de lo que parece a simple vista, están realizados de forma digital con gran precisión, a partir de fotografías. Son tapices hiperrealistas en los que se reproduce cada grieta de la pared, incluso en algunos tapices pueden verse restos de chicles pegados. Pero una vez que el espectador toca el tapiz, se da cuenta de que es una fotografía.
En ellos se pueden leer frases sacadas de rótulos de los comercios de La Habana, modificadas por el artista para darles otro sentido, un sentido político, debido a su relación con Cuba.
La misión de estas obras de arte es la de no pasar desapercibidas al espectador, haciendo que este reflexione sobre lo que está queriendo decir cada tapiz. Así, el espectador se puede encontrar con frases como “Reina destruye o redime”, “La general tristeza negará placeres” o “La lucha es de todos”.
Pero en esta exposición no sólo hay tapices, también es una obra audiovisual. Consta de dos vídeos, en los cuales se ve cómo pasa la gente por delante de los rótulos de su ciudad sin pararse a mirarlos si quiera, haciendo ver el sentido que tiene la obra en su conjunto, que pretende expresar que los caminantes pasan por la ciudad sin fijarse en lo que hay en ella, sin pensar sobre su difícil situación, haciendo una reflexión sobre la política de su país, e invitar a ello a los espectadores mientras caminan sobre las obras.
El emplazamiento en el que se encuentra la exposición es muy importante, la obra y el lugar dialogan. Es un lugar oscuro y algo tétrico en el que la luz juega un importante papel. Incluso uno de los tapices, “El pensamiento”, está situado estratégicamente para engañar visualmente al espectador, haciendo creer que en la alfombra hay sombras de un sujeto ausente, cuando realmente es un trampantojo.
Lo más destacable de esta exposición es sin duda la originalidad del formato. Son obras de arte en las que sólo hay frases que invitan a la reflexión, colocadas dentro de alfombras. El hecho de que sean alfombras hace que el espectador interactúe con el arte, que lo pueda tocar y sentir. Esto es muy importante, el espectador se comunica con la obra, se siente dentro de ella. Así, el espectador queda impactado con esta obra excepcional.

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