sábado, 16 de octubre de 2010

Non, je ne regrette rien


Elena González-Moral Ruiz
Cuando fui al cine a ver la película “Origen”, iba con la idea de que la película iba a ser otra de tantas, llena de efectos especiales y sin demasiado argumento. Sin embargo, al salir de la sala del cine, salí más contenta de lo que esperaba. No solo porque el argumento me pareció interesante, la película bien hecha y la interpretación bastante buena, sino porque lo que más me llamo la atención fue el tema del antagonismo. En toda película de acción y de robos, hay un protagonista, muy a menudo el “buen ladrón”, un personaje malvado pero atractivo, como George Clooney y Brad Pitt en la película “Ocean´s Eleven”, o el mismo Frank Sinatra en la cinta original, “La cuadrilla de los once”, y un antagonista, que suele ser el robado. No obstante, en “Origen” el tema del antagonismo se observa desde otra perspectiva. Si echamos mano de la RAE, encontramos que el término antagonista se refiere a un personaje que se opone al protagonista en el conflicto esencial de una obra de ficción, pero en la película no se encuentran apenas personajes que se opongan a Cobb. Incluso la misma víctima, Robert Fisher, termina acompañando y ayudando al grupo de criminales que tendría que evitar, permitiendo la intrusión en su mente. Claro está que su subconsciente sí que se opone a la intromisión, bajo la forma de todo un ejército privado, pero no es éste el gran antagonista.
No, la gran antagonista es la figura de Mal, esposa fallecida de Cobb, y por lo tanto, nada más que sus recuerdos condensados en su joven figura. Es decir, que el antagonista de la historia no es otro que su propio protagonista.
Siguiendo los argumentos de Freud, (ya que después de todo esta película habla acerca del mundo de los sueños), éste decía que un sueño era un cumplimiento enmascarado de un deseo reprimido, lo que Cobb desea, en el fondo de su ser, es que Mal viva. Todo lo que Mal le recrimina, todo lo que le echa en cara, como las promesas incumplidas de envejecer juntos, es lo que Cobb se recrimina a sí mismo, y lo que hace que su recreación de Mal se esté interponiendo siempre en su camino. Claro está que aquí se pueden encontrar varios fallos. Si la recreación de una Mal viva, una Mal existente, es el deseo reprimido de Cobb, tendría que ser, según palabras mismas del compañero de Cobb, Arthur, “una mujer encantadora”, no una Mal armada capaz de disparar a cualquiera.
Sin embargo, y a pesar de los fallos, me ha parecido una película muy interesante, en especial por la visión de una pequeña peonza que rueda sin detenerse.

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