jueves, 7 de octubre de 2010

Recuerdos de paseos por La Habana

La exposición del cubano Carlos Garaicoa (hombre formado en las letras y las artes de la “bohemia habanera”) consiste en siete tapices y dos vídeos que de alguna manera nos transportan de pies -y nunca mejor dicho- a cabeza a las calles de su tierra.

Los tapices son la recomposición fotográfica de antiguos carteles que han sido “maquillados” para llegar a crear frases que atacarán a nuestra conciencia, así puedes encontrar alfombras donde leas: “El volcán estallará. Iluminados esperamos”, “La general tristeza negará placeres” entre otras. Parece que esa es la intención de su autor, convertir una palabra en una señal de aviso, una luz que parpadeé y fije nuestras retinas para que apreciemos la sórdida realidad cubana. Además se apoya sobre unos vídeos de estas calles, sobre la reflexión de la ciudad para conseguir denunciar la incierta situación de Cuba mediante el arte visual. La transformación de esos carteles a tapices es bastante correcta, la idea es sugerente a la par que innovadora . Todo acompaña no son sólo los tapices, ni los vídeos sino también la puesta en escena que reproduce mediante formas oscuras y calladas el suelo de La Habana, la exposición que se encuentra en el antiguo matadero de Madrid y en la cual es preciso pasar descalzo para sentir realmente el frío del suelo, la lucha de los hombres, un nuevo arte conceptual que grita en imágenes, que se escucha leyendo sus palabras y que aprendes cuando se te pone la piel de gallina:

Mi abuelo nació en Cuba y vivió la época de aprensión que aún continúa pero consiguió escapar abriéndose un camino hacia la libertad o por lo menos algo que el creía llamar libertad aquí, en Madrid. Nada mas ver la exposición me volvió a contar aquellas historias interminables que han tenido los abuelos, aquellas que ya casi nos sabemos de memoria, todo esto acompañado con la típica frase cubana “me caso en la basura” ya que realmente se transportó a los antiguos paseos de su infancia antes de la revolución (los mismos paseos de los que él huyó) ya sea por la tipografía o por las frases creadas por su autor “El pensamiento”. Una vez de joven -me contaba a raíz de la exposición- paseando por las calles, con el único propósito de ir al cine le llevaron preso y además le castigaron, el castigo fue cortar caña durante un año. Ahora se ríe y bromea al recordarlo pero aún observas en su mirada el miedo de perder la juventud e incluso la vida, el deseo, la historia y un extra de compasión por todos los que aún están ahí. Observas que sus ojos gritan y aprendes que es el fin del silencio.

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