Araceli Blasco Capilla
Esta inquietante película de Christopher Nolan llamada Origen (Inception), probablemente no nos dejará dormir tranquilos durante un tiempo. ¿Quién no ha querido seguir soñando en lugar de despertarse? o todo lo contrario, ¿Quién no se ha despertado angustiado y sofocado por un mal sueño? ¿Por qué cuando soñamos nos comportamos de una forma que jamás haríamos en la realidad?
Según Freud, los sueños representan la realización de un deseo por parte del soñador, un deseo reprimido, quizá lejos de nuestro alcance. Sin embargo cuando soñamos el protagonista es nuestro otro yo, es decir, se pone en ación la otra perspectiva que tenemos de ver las cosas.
Nuestro subconsciente puede encerrar problemas ahí abajo, lo mismo que le pasa a Cobb, el protagonista de esta película, que ha escondido problemas que no quiere recordar, de los que se siente culpable, pero de los que inevitablemente es consciente, como el hecho de implantarle una idea a su mujer, la misma idea que hizo que ella se suicidara pensando que así saldría del sueño y volvería a la realidad. Precisamente, para recuperar su vida y a sus hijos va a tener que volver a implantar una idea, la idea de no seguir con el imperio familiar al hijo de un difunto magnate, pero no será fácil.
El protagonista llega a mezclar tanto la realidad con los recuerdos, que le va a ser difícil hacer su trabajo, ya que ha perdido la noción de lo que es real o sueño.
Desde mi punto de vista la película está bien montada y ambientada en lugares cotidianos, normales, pero con un gran abanico de efectos especiales que hacen que el espectador tenga la sensación de estar dentro del sueño.
Las cosas que han llamado mi atención en especial son dos, la primera es la canción que usan para despertar, una fabulosa canción de Edith Piaf, Non, je ne regrette rien, que en español viene a ser algo como; No, no lamento nada, y cuya letra viene bien con el perfil de Cobb, y su obsesión con no querer olvidar. Y la segunda es la forma que tiene el protagonista de administrar los recuerdos mediante un ascensor, correspondiendo cada planta a un momento significativo para él, dato que tango que comparar con otra novela de Stephen King, El cazador de sueños, llevada al cine por Lawrence Kasdan, en la que el protagonista es encerrado en su propia cabeza, dentro de su memoria, que es representada como una gran sala con una rampa y habitaciones con archivadores donde guarda todos sus recuerdos y datos. Creo que todos tenemos un lugar así dentro de nosotros, ya sea en nuestro consciente o en el subconsciente. Pero en el final de la película ¿estamos realmente seguros de que ha despertado?
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