jueves, 7 de octubre de 2010

Fin de silencio, Carlos Garaicoa

Daniel Palacios González


“La lucha es de todos, de todos es la lucha” Es la primera premisa propuesta en la exposición, y sería indebido pasarla por alto. Para entender la cultura material debemos entender primero su sociedad, y el contexto del artista en Cuba es desconocido para la mayoría de nosotros, pero es un productor clave pues se haya alejado probablemente de la espiral de consumo que atrapa con sus brazos al artista y lo pervierte deshumanizándolo al catalogar con un precio a su obra.

Carlos Garaicoa nos expone esta serie de reproducciones de suelos de una calidad excelente, técnicamente es la viva imagen de los suelos que se desplegaban por la Habana a los que él ha querido hacer mención, haciendo ver que el arte aun hoy puede verse cargado de funcionalidad más allá de la pura especulación. Recupera en cierta medida la idea del artista como un productor, un productor al servicio de una sociedad, y muestra al permitir al visitante pisar los suelos que es un arte vivo, un arte que se involucra en el espacio urbano y con el que el ciudadano convive. Dejaremos por lo tanto a un lado el aspecto técnico el cual podríamos decir que más que que no interese o no sea elogiable, se ha llegado a sus cotas mas altas pero de cara a la emisión de un mensaje o de un ideal si encontramos que tiene gran importancia al estar entre una crisis y una revolución.

La sensación que tiene el visitante al zambullirse en la sala es la de entrar en nada menos que en un espacio religioso, la iluminación y disposición de los tapices no puede evitar que nos recuerde a una iglesia románica, imbuida en ese misterio y ese secretismo. Así la sala se ve salpicada de esta serie de mensajes plenamente reveladores y revolucionarios que sin embargo al igual que un Cristo se encuentra fuera de lugar en la misma iglesia. El visitante por desgracia los vera, los contemplara religiosamente, con cierto espíritu critico o no, pero probablemente no con verdadero anhelo y comunión con el mensaje rupturista con nuestra sociedad que se nos expone. Aunque ciertamente si podríamos decir que sigue las premisas que marca Walter Benjamin para que un artista sea un productor intelectual que pone su obra a la disposición de la sociedad a fin de refundar los fundamentos del arte e impulsar y organizar a los intelectuales y ligarlos a la esfera del trabajador. Pues por ese suelo pasan todos, seguramente casi cualquier ciudadano de la Habana haya pisado esos suelos, y nosotros como receptores de su realidad al pisarlos también nos vemos captados y nos muestra como, aunque en contextos distintos, ambos nos encontramos ligados por hallarnos bajo el mismo cielo y sobre el mismo suelo, en el que los problemas sociales son de todos y por ello la lucha también, remitiéndonos a la primera cita que hemos hecho “es de todos”.

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