Decía José Martí que la palabra no debe servir para encubrir la verdad, sino para decirla;Carlos Garaicoa revive la frase de su congénere a través de una colección de siete tapices expuestos al publico desde el 25 de Septiembre en la sala "abierto x obras" del matadero de Madrid. A pesar del juego entre lo artesanal y lo mecanizado, la vista y el tacto, y la luz y la sombra que presenta Garaicoa al espectador, respaldada por una sala que parece hecha a medida para la muestra a pesar de ser al contrario, toda la exposición esta inundada de un halo de verdad y sencillez que se ve reflejado en frases tejidas tales como "la lucha es de todos, de todos es la lucha". El artista nos sorprende con un mensaje de cierto carácter intimista expresado en un formato inusualmente cercano; el contacto directo con la obra permite una percepción de la misma que invita a sentirla como propia. La calidez habitual de las alfombras, sin embargo, se ve amortiguada por la representación del pavimento de la ciudad natal del autor, La Habana.Si las calles cubanas ya hablaban por si mismas, Garaicoa les ha otorgado con su obra una voz aun mas potente, rejuveneciendo la Cuba precastrista frente a una ciudad que ha quedado desmerecida por el regimen mediante sus aplastantes frases, que caen sobre el expectador como jarros de agua fria.
Yendo un paso mas allá, a la colección de tapices le acompaña la proyección de dos vídeos que nos muestran las calles que el autor ha tomado como modelo para desarrollar su creación, y que adquieren también cierto carácter poético al no aparecer rasgos reconocibles de los transeúntes, que dan la impresión de ser meras sombras que no consiguiesen quitarle el protagonismo a la palpitante historia del suelo que pisan y que Garaicoa ha conseguido convertir en una expresión clara del olvido al que estan sometidas ciertas zonas de su ciudad. Así, nos vuelve a mostrar su preocupación por el entorno urbano, como ya lo hizo anteriormente a través de obras como "Juego de ajedrez", y por la patria que ha visto nacer la colección que ahora presenta. En definitiva, "Fin de silencio" es una exposición inusual que admite visitantes de todos las nacionalidades y edades, tantos como interpretaciones hay de la muestra. Lo que es seguro es que ninguno de los que se acerquen al matadero a conocer la obra del autor cubano quedara indiferente ante un mensaje plagado de esperanza expresado a través de unas pocas palabras y un genio artístico que nos permite disfrutar de una obra que, saliéndose de lo común, nos transporta a una urbe castigada pero aun viva.
Yendo un paso mas allá, a la colección de tapices le acompaña la proyección de dos vídeos que nos muestran las calles que el autor ha tomado como modelo para desarrollar su creación, y que adquieren también cierto carácter poético al no aparecer rasgos reconocibles de los transeúntes, que dan la impresión de ser meras sombras que no consiguiesen quitarle el protagonismo a la palpitante historia del suelo que pisan y que Garaicoa ha conseguido convertir en una expresión clara del olvido al que estan sometidas ciertas zonas de su ciudad. Así, nos vuelve a mostrar su preocupación por el entorno urbano, como ya lo hizo anteriormente a través de obras como "Juego de ajedrez", y por la patria que ha visto nacer la colección que ahora presenta. En definitiva, "Fin de silencio" es una exposición inusual que admite visitantes de todos las nacionalidades y edades, tantos como interpretaciones hay de la muestra. Lo que es seguro es que ninguno de los que se acerquen al matadero a conocer la obra del autor cubano quedara indiferente ante un mensaje plagado de esperanza expresado a través de unas pocas palabras y un genio artístico que nos permite disfrutar de una obra que, saliéndose de lo común, nos transporta a una urbe castigada pero aun viva.
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