A veces te invade un sentimiento de anhelo por lo desconocido y decidimos explorar manifestaciones artísticas alejadas de nuestra mini-realidad, pero lo que no sabemos es que mientras para nosotros es algo exótico y llamativo para otros es cercano y doloroso. Esto sucede en la mayoría de las exposiciones con carácter de denuncia social. Una de ellas es “Fin de Silencio” de Carlos Garaicoa que presenta el antiguo Matadero de Legazpi de Madrid. En esta exposición se muestran siete alfombras y dos proyecciones que escenifican suelos de La Habana (pueblo natal del autor), alfombras bordadas con frases o firmas de antiguos comercios de esta cuidad. Nada más entrar a la sala (antiguo frigorífico del edificio) se te pide que te descalces, esto no debe tildarse de absurdo, ya que este detalle denota una delicadeza y un cuidado no sólo a las alfombras que pasaremos a ver, si no además a lo transcendente en su significado. Los protagonistas de la exposición son estas frases en forma de vocativo como La Lucha, Pensamiento, Sin Rival o Reina que además también se encuentran inscritas en las aceras de esta misma ciudad, tratándolas con una sutileza poética, acompañándolas con verbos, para si enfatizar su significado. La Lucha es de todos o Reina destruye o redime , son enunciados que aunque breves están empapados de una memoria histórica que solo entenderá quien conozca la situación social y política después de la revolución del 59. Mediante estas alteraciones léxicas nos invita a llevar a cabo un diálogo de reflexión sobre los modos de gobierno y un no-imposible cambio social.
Las propuestas de Carlos Garaicoa en cuanto a espacio urbano y estructuras arquitectónicas son muy utilizadas en todas sus exposiciones, que plasma en diferentes formatos artísticos tanto como la fotografía, el dibujo arquitectónico, el video, la restauración o la intervención pública. Todos estos elementos entran en un juego al que estamos invitados, para sí formar parte de un narración, ya que mientras unos lo viven en una crisis social en primera persona, como el pueblo cubano ante la represión de sus gobiernos, otros, los espectadores de otras partes del mundo, son quienes tienen la obligación de divulgar los hechos y ayudar a expandir las voces silenciadas. Estos suelos desgastados por todos los transeúntes que malgastan con sus pisadas y que sin perder un segundo a meditar sobre su mensaje, pasan de largo. Tal vez porque algunos solo tengan desinterés, o bien, porque han decidido tirar la toalla y optar por el conformismo. Esta recreación arquitectónica urbana se inscribe en un contexto en la que un pueblo clama la recuperación histórica, el impedimento del paso del tiempo y el finiquitar la represión en su país. Los suelos de la Habana representa una sociedad que desea la Libertad, aunque sea sólo marcándolas en los pavimentos, como los bisontes de la prehistoria, única manera de sentir que les pertenece. Carlos Garaicoa estudió ingeniería termodinámica y pintura. Uniendo la función de la arquitectura, con la belleza que proporciona los distintos formatos audio-visuales le han servido para darle poder a la opinión pública y un protagonismo que les pertenece.
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