lunes, 18 de octubre de 2010

Origen. Candela Calvo Olarte

¡Despierta!

¿Recuerdas ese estado de duermevela, entre el sueño y la realidad? Aquel en el que todo se confunde, difuminado por ilusiones mentales salpicadas de retazos de rutina… Ignoras hasta qué punto están sucediendo cosas de verdad y sucesos inventados por tu subconsciente. La película Origen se mueve todo el rato entre esos dos mundos, atravesando continuamente la línea, llegando incluso a dejar a algunos personajes irreversiblemente alterados.

Como resumen del argumento podría decir que su protagonista, Dom Cobb, recibe un encargo de un importante pez gordo. Este encargo tiene como último fin convencer al heredero de una importante empresa energética que la destruya. Para ello, los personajes principales deberán meterse en su mente, alterar sus sueños y quitarle el sitio a su subconsciente, para meterle la idea en la cabeza. Pasarán por tres niveles de sueño y, al final, incluso dos de ellos llegarán al limbo entre estos y la muerte, una especie de coma en el que pueden quedar encerrados para siempre.

El film nos plantea preguntas como, por ejemplo, cómo diferenciar qué es más válido, si la vida onírica o la real. Porque realmente, ¿dónde es más libre el hombre? Los sueños no tienen límite. En nuestro propio cerebro, somos nuestros arquitectos particulares. Todo aquello que siempre hemos “soñado” hacer, es posible en este espacio. Un universo paralelo donde todo lo es. Y, si todo es tan idílico, ¿por qué habríamos de regresar? ¿Quién le da más autoridad a la vida real, y quién le aplica este calificativo? Pero, como todo, tiene una importante desventaja: el subconsciente. Ese amigo que sale cuando nuestra mente no funciona en su totalidad y que no siempre desvela cosas agradables. Este elemento está presente durante toda la película y es verdaderamente traicionero.

Recuerda también valores que hoy en día han quedado muy olvidados, como la intimidad. Con los medios actuales, cualquiera puede entrometerse en la vida de quien le plazca y saber multitud de datos que creemos protegidos.

La obsesión es otro tema importante. Todos necesitamos nuestra dosis de sueño, pues ello implica también nuestra pequeña dosis de inventada libertad, pero libertad total, absoluta, en el lugar donde nadie te dice qué hacer. Sin embargo, en algunos personajes esta dosis se convierte en una droga y la anhelan hasta la locura. Acaba siendo su forma de vida. Hace ver de qué manera podemos obsesionarnos con ciertos fines, si éstos nos hacen felices aunque sea artificialmente. Pero eso hace que nos perdamos cosas realmente importantes. Nos apunta, entre líneas, que hay que vivir en el mundo real, no dejar pasar aquello que tenemos ante nosotros, porque al fin y al cabo “toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario