domingo, 3 de octubre de 2010

El poder de las palabras.

Por Marta Sánchez- Puebla Flores

Sumidos en la pequeña penumbra de la sala que nos recuerda a una antigua mezquita árabe (personalmente a mí se me asemejo a una de ellas) encontramos las iluminadas alfombras de las que se compone la obra de Carlos Garaicoa “Fin de silencio “expuesta en la zona ABIERTO X OBRAS del matadero de Madrid. Dicha obra se compone de unas alfombras que, a simple vista nos parecen tejidas con hilos, pero que en realidad se trata de fotografías tomadas a antiguos letreros de comercios que aún perduran en La Habana (Cuba) tratadas digitalmente de tal manera que parece que ante nosotros tenemos pequeños trozos de la ciudad cubana a los que Garaicoa, cambiando un poco o nada dichos letreros quiere otorgar un gran significado, pues no es una simple obra visual, sino una obra de carácter textual de la que el artista quiere que el espectador saque sus propias reflexiones. Es también una crítica a la política del gobierno cubano que se muestra en letreros tales como: “Frustración de sueños, festines de sangre…”, además alude también a una utopía política que se desmorona.

Es una obra cercana al arte conceptual y fue creada para un sitio especifico (en este caso la sala del antiguo matadero) una de las inquietudes de Garaicoa que muestra en sus obras es su preocupación por la ciudad, por lo que para observar con mayor detenimiento esta obra es necesario descalzarse, ya que así logra una interacción ente la obra y el espectador y llega a parecer que la gente que visita la exposición esta andando por la propia ciudad de La Habana. Para completar esta función en la que la cuidad se convierte en protagonista y se percibe a través del ciudadano (el cual, el artista quiere que se detenga a mirar lo que hay a su alrededor, al contrario de lo que la gente suele hacer) en la sala se encuentran unos monitores donde se proyectan unos videos en los que aparecen los lugares reales donde Carlos Garaicoa se inspiro para su creación.

El hecho de tener que descalzarse para poder entrar a ver la obra, (ya que hay que pasear por ella ), en una sala en penumbra , solo iluminada por la luz (a la que Garaicoa otorga un gran papel ) que reciben las alfombras es una forma de arte inusual a la que la mayoría de las personas no están acostumbradas, pero esto solo aumenta la fascinación que se siente al verla, y que unidas a los mensajes que el artista a dejado por la sala hace que se unan tres artes: el arte de caminar, el arte de observar y el arte de reflexionar.


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