lunes, 1 de noviembre de 2010

Eterna Persecución

Clara Isabel Sáenz González

Sandro Botticelli, a través de los cuatro cuadros encargados como regalo de bodas para una joven pareja, nos narra la historia de Nastagio Degli Onesti, una de las más antiguas del mundo, la del dolor y el despecho del ser humano al ser rechazado.
Los cuadros, que son cuatro, aunque uno de ellos (el ultimo) está en una colección privada, los podemos encontrar en un rincón apartado y casi inapreciable del Museo del Prado. La temática, extraída de la quinta jornada del Decamerón de Boccaccio, nos expone ante todo una obra de carácter pedagógico y fóbico, reflejo de los miedos de los hombres a repetir los errores del pasado, con un cargado sentido machista en el que la mujer es castigada por no cumplir con la voluntad del hombre y en el que la manipulación mediante el miedo es recompensada.
Desde el punto de vista técnico, la participación del autor ha sido puesta en ocasiones en entredicho por la diferencia de colores entre los personajes y la falta de expresión y sentimiento, característicos de Botticelli, en algunos de ellos. Finalmente se llego a la conclusión de que solo se había encargado de la composición y de algunos de los personajes principales. La historia, presentada con carácter narrativo, nos muestra a través de la repetición del mismo personaje dentro del mismo cuadro y plasmando distintas escenas en diferentes planos un sentido de avance en la historia y un sentimiento de persecución continua sin visos de final. Podemos apreciar un cambio de paisaje a lo largo de los distintos cuadros, que pasarían del bosque enmarañado en el primero a la arquitectura de carácter clasicista del último, una demostración del triunfo del ser humano sobre la naturaleza y un ansia por controlar y patentar la supremacía del hombre.
La historia que se nos cuenta, nos presenta a Nastagio, que ha sido rechazado por su amada y que caminando por el bosque, como en un sueño, se encuentra sin previo aviso y de forma casi profética con su propio futuro, encarnado por dos almas penitentes que están obligadas a cumplir un castigo eterno cada uno por sus respectivas “faltas”; Nastagio tras meditar lo contemplado, decide no rendirse ante el rechazo de su amada, en lugar de valorar la decisión de esta y continuar con su vida sin suicidarse, y la invita junto a toda la familia a una agradable comida campestre para que contemplen y aprendan lo que tienen que hacer para no acabar en la misma situación. La joven aterrorizada tras lo visto decide “voluntariamente” ceder a las pretensiones de su amado y casarse con él. En este plano se pude ver una clara relación con la película de Nolan, el intento de la manipular a otra persona, en este caso a través del miedo al castigo eterno.

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