domingo, 7 de noviembre de 2010

El sonido de la nada- Laura Cámara Alonso

“The sound of the silence” es una exposición de Alfredo Jaar estrenada por primera vez en castellano en la galería Oliva Arauna.

La exposición se encuentra dividida en dos partes. La primera recoge unas pequeñísimas fotografías de Graça Machel, Ela Bahtt y Aung San Suu Kyi, tres mujeres que tuvieron un importantísimo papel en sus países y que, por desgracia, no reciben todo el reconocimiento que merecen. Si bien tengo que decir que salí con una muy mala impresión de la exposición, también tengo que reconocer que esta parte arreglaba un poco la, a mi parecer, catástrofe de la segunda parte.

La segunda parte de la exposición consiste en una videoinstalación de ocho minutos, situada dentro de una enorme caja negra, donde se nos narra la vida del fotógrafo Kevin Carter, autor de la famosa fotografía de una niña extremadamente delgada y cercana a la muerte que estaba siendo acechada por un buitre. Si el propósito de Jaar es intentar concienciar de la situación del tercer mundo y hacer reflexionar, en mi opinión no lo consigue en absoluto. Durante esos ocho minutos de video se dedica a poner de víctima a Kevin Carter, a tratar de justificar el que no ayudase de ningún modo a la niña y a que tengamos lástima del fotógrafo contándonos que intentó suicidarse más de una vez y que al final lo consiguió. Diré también que me parece una auténtica desfachatez por parte de Jaar el sacar una foto al espectador mientras ve el video, tratando de hacerle ver a él como un buitre más, como un pájaro carroñero, cuando en realidad Jaar no tiene ni idea de lo que cada uno hace para ayudar (además de que yo en ningún momento he dado permiso para que me sacaran una fotografía), y cuando en realidad, el verdadero buitre fue su querido Kevin Carter.

Tampoco vi arte por ningún lado. Sí podría decirse que, aunque de manera insuficiente, es una exposición que reivindica la situación de todos estos países, pero sinceramente, yo no la encontré artística. Del mismo modo, no considero artista a Jaar, por lo menos mediante esta instalación, ya que en ningún momento nos muestra una faceta personal, sino que nos habla de las obras y actos de otras personas. Jaar no es sino un simple personaje mediático más que se lucra con falsos mensajes de solidaridad y protesta, cuando no es más que otra ave carroñera que sólo busca conseguir dinero y fama.

En definitiva, creo que si el señor Alfredo Jaar pretende ponerse a dar clases de solidaridad y de reivindicación, antes debería plantearse si las maneras que tiene de hacerlo realmente sirven para ello.

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