La luz verde es la que te permite entrar a la sala oscura donde se proyectará durante ocho minutos la vida de Kevin Carter, un desconocido del que no te olvidarás. Cuando entras en ese cubo negro dispuesto con tres bancos y muchos focos apuntándote te preguntas “¿Qué tipo de exposición puede ser esta?”. Las letras al estilo de las antiguas máquinas de escribir, la repetición del nombre “Kevin Carter” para recordarnos que aquella opresión y lucha la vivió un hombre con nombre y apellidos y los impactantes focos con su flash de unos pocos segundos que dejan al espectador casi sin aliento para más tarde mostrar la imagen (fotografía que fue el premio Pulitzer) de la niña africana vigilada por un buitre que definitivamente te quita todo el aliento. La sufrida vida por los derechos humanos y la búsqueda de la paz de Carter y su final, un final quizá “comercial” que es el suicidio ayudó a que la fotografía diera la vuelta al mundo. El secreto del después de la niña, que pasaría con su vida es aún un misterio pero el coraje de Carter y la fuerza es una realidad que su autor chileno (y reinvidicativo) Alfredo Jaar ha querido reflejar.
Además la exposición comienza con las fotos casi diminutas sobre las paredes blancas y enormes de la galería. “Three women” es también otro trabajo reinvindicativo por el papel de estas mujeres en Burna, Mozambique y la India, también rodeadas de focos para centrar nuestra atención centrándose en esos rostros. Aquellas mujeres tercermundistas refeljan con su mirada y esencia el trabajo, un trabajo altruista por el bien de la mujer, de los niños e inclusos de sociedades enteras. Son luchas en contra de la injusticia y a favor del hombre de su libertad y condición.
Toda la exposición de Jarr está dispuesta como un paseo ya preparado lleno de iluminación y color blanco resplandeciente excepto la zona del vídeo quizá por su triste final.
Se puede debatir, discutir. Se puede estar a favor o en contra. Puedes pensar que la exposición no es el mejor método de conciencia, o puedes pensar que es capaz de mover montañas. Lo que está claro es que estremece, ver la imagen de la niña desnutrida y las palabras que una a una cuentan la historia de un luchador.
El carácter político de ésta te replantea de nuevo las injusticias de un mundo frente a otro, al salir de la exposición chocas con tu realidad que no es la misma que la que acabas de aprender ahí dentro. Por qué llamarlo tercer mundo, cuando sólo existe uno, pero es un apelativo al desequilibrio que nosotros hemos inventado. Por esto ésta exposición auque sea por una décima de segundo permite que nos acordemos de la verdad, es una sacudida al cerebro.
Jarr lo ha conseguido. Nos ha recordado que también nosotros tenemos luz verde para actuar.
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