Mónica del Campo Crespo
Entramos, un espacio formado por paredes blancas tres fotos, muchos focos y mucho calor.
Retratos minúsculos de tres activistas del “mal llamado tercer mundo” como dice la nota de prensa que nos procuran al entrar, alumbrados con grandes focos para dotar de importancia, para fijar las miradas en algo que nos parece cotidiano como son fotos de un formato pequeño.
La disposición laberíntica de la galería y el silencio que allí reina hace que te vayas sumergiendo en lo que parece ser el foco central de la exposición: una videoinstalación en la que por primera vez en España, Alfredo Jaar, artista chileno, nos muestra el video traducido al español, el cual originalmente siempre ha sido expuesto en inglés.
El video, con la biografia de aquel periodista sudafricano, Kevin Carter que se atrevió a esperar la instantánea perfecta mientras supuestamente dejaba morir a una niña famélica mientras un buitre la acechaba y toda la polémica que esta fotografía suscitó.
Mi pregunta es, ¿Por qué vemos esta instalación en una galería y no en un museo? ¿lo consideramos arte? Es más, ¿debemos, si es cierto que dejo morir a la niña, considerarlo arte?
El hecho de que la exhibición gire en torno a una foto tan famosa, parece darle un carácter a la instalación más comercial. Podemos decir que las galerías acogen exposiciones que por lo general suelen buscar la promoción, la exhibición, y también su venta.
Entonces, la pregunta sería si es realmente la obra que Jaar nos exhibe una obra comercial o realmente trata de crear conciencia en el espectador y como dice él, “concedernos un momento de reflexión”. Puede que ambas sean intenciones del autor.
Por otro lado, una galería, al igual que un museo acoge obras de arte, pero, ¿es arte ver una instantánea la cual rodea una historia tan cruda?
En primer lugar esta fotografía no tenía una finalidad artística, esta fotografía pertenecía a un documental, de manera que lo que pretendía esta imagen era mostrar una realidad. Podemos decir que se ha tomado un pedacito de un reportaje fotográfico muy famoso para crear una obra, pero en realidad, la instalación que hace Jaar no se centra en su obra si no que todos los que salimos de la galería nos centramos en Carter y en la fotografía.
La obra es pues, una foto estetizada que se nos muestra de forma abierta en la que nosotros, tenemos una relación directa con la instalación en cuanto a que nos vemos inmersos en ella desde el primer momento que entras hasta largo rato después de salir (ya que he de decir que en mi caso, provoco una larga conversación) entonces, ¿sería correcto hablar de obra de arte o más bien de arte político? ¿Es ciertamente una obra reflexiva o simplemente comercial? O es más, ¿podemos llamarlo arte?
No hay comentarios:
Publicar un comentario