Clara Isabel Sáenz González
La exposición “The Sound of Silence” expuesta en la galería Olivar Arauna para celebrar los 20 años de trabajo en común con Alfredo Jaar, nos muestra una videoinstalación de 8 minutos de duración, expuesta por primera vez en otro idioma que no es el ingles, con la biografía de Kevin Carter, fotoperiodista sudafricano, que tomo una de las imágenes mas polémicas de la historia y que le termino conduciendo al suicidio a los 33 años.
Alfredo Jaar, artista consagrado a las causas sociales, nos muestra en este caso una obra de carácter político y reivindicativo sobre los hechos que acontecen día a día en el tercer mundo, pero en lugar de presentarlo en un ámbito en el que un mayor número de gente pueda verlo, elige un espacio de carácter cerrado al que se acede únicamente con conocimiento previo de la exposición, reduciendo así el alcance del impacto. Si el motivo subyacente del autor es crear una conciencia social, para remediar en lo que se pueda el problema del tercer mundo, el espacio escogido sin duda no ha sido el mejor.
La forma de plantear el problema, a través de la biografía de Kevin Carter, tampoco ha sido la más indicada. El texto, que va más rápido que la capacidad media de un lector tiene para leer con el fin de crear una incomodidad en el lector que le obligue a prestar más atención de la normal, nos va contando la vida, sufrimientos y desgracias del fotógrafo a lo largo de su corta existencia; nos muestra a un hombre sensible a su entorno que sufre por lo que ve y que finalmente condicionado por la sociedad, que le acusa de ser un buitre que se aprovecha del sufrimiento ajeno, se acaba suicidando por no ser capaz de soportar la presión. ¿Es realmente importante en ese contexto que la niña se muera de hambre? O es por el contrario la presentación del sufrimiento de una persona que se ve condicionada por el mundo y que a la larga habría acabado con el mismo final hubiera habido foto o no. En que se centra más el que ve la presentación, ¿en la desgracia de Carter o en el sufrimiento del tercer mundo?
Con todo, se está de acuerdo en que no deja indiferente de una forma u otra al espectador que lo contempla, desde el que sale maravillado y convencido de que crea causa social, hasta el más terrible detractor que le causa un cierto rechazo por lo incomodo o molesto del tema que trata, pues es más fácil no pensar en ello aun a sabiendas de que existe y está ahí nos guste o no. Por ello se puede afirmar que tiene un cierto grado polémico entre los visitantes que la ven.
lunes, 29 de noviembre de 2010
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