lunes, 15 de noviembre de 2010

El Sonido del Silencio

Sandra Gómez Moreno


Alfredo Jaar (1956), artista, arquitecto y cineasta chileno nos trae su última obra: The sound of silence , una video instalación que gira alrededor de un nombre, Kevin Carter. Un nombre que nos es repetido continuamente a lo largo de los ocho minutos que dura el video. Se nos muestra una completa biografía sobre este hombre, destacado, además de por su difícil vida, por una famosa y polémica foto que él mismo hizo, aquella en la que sale una niña africana famélica mientras un buitre la acecha. Y es esta foto el centro de toda la polémica del video de Jaar, pues Kevin Carter incluso ganó el premio Pulitzer por ella, y tras ello se suicidó, supuestamente por la culpabilidad que sentía por no haber ayudado a la niña. Lo cierto es que su suicidio no hizo otra cosa que crear aun más popularidad y expectación alrededor de esta fotografía, popularidad que ahora utiliza Jaar para hacer más impactante su nueva obra. El artista necesita que el público se impacte, pues su intención es reivindicativa, nos quiere mostrar con esta triste historia una realidad que está ahí fuera y ante la que solemos taparnos los ojos. Sin embargo, para mostrarnos esa realidad exterior, lo que hace es encerrarnos en un pequeño cubículo oscuro, en el que se proyecta su video, a modo de burbuja, como si el tercer mundo fuera un mundo ajeno al nuestro y al que debe introducirnos para hacérnoslo ver.

Pero The sound of silence es sólo la última de las obras reivindicativas de este artista, pues ya antes había hecho otros trabajos de crítica como Gold of the morning, una serie de fotos de mineros de Sierra Pelada, Brasil, que refleja la extrema dureza del trabajo de estos hombres; o Proyecto Ruanda, su más famoso trabajo sobre el genocidio ocurrido en este país en 1994. Cabe destacar también El lamento de las imágenes, una obra que presenta similitudes con The sound of silence, pues al igual que ésta juega con las luces y las sombras, en un pasillo oscuro con tres textos y una pantalla de luz blanca al final.

Visto esto cuesta calificar esta creación de Jaar como arte, aunque es cierto que tampoco podría verse como obra política únicamente. Está claro que se trata de reivindicación social (o al menos intento de ello), pero lo hace de forma atrayente, suma la consciencia crítica con la estética. A esto debemos sumarle que se expone en una galería, un lugar en el que las obras se exponen para ser vendidas, por tanto suena un poco contradictorio que Jaar haga una obra de crítica contra las “rapaces” del mundo y luego venda su obra por cientos de dólares.


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