Por Elena González-Moral Ruiz
Kevin Carter.
Es alrededor de este nombre donde se estructura la exposición de Alfredo Jaar, artista chileno nacido en 1956. Nada más entrar en la galería que la contiene, te encuentras con una serie de focos que iluminan las paredes blancas, donde se exponen tres minúsculas fotografías, totalmente iluminadas y sin ápice de sombras, de tres mujeres poco conocidas, pero que se destacan por su lucha a favor de los derechos humanos. Después se avanza por un pasillo hasta llegar a una instalación con forma de cubo en la que, cuando la luz verde ha autorizado tu entrada, tienes la oportunidad de ver durante unos ocho minutos aproximadamente, un video consistente en frases blancas sobre fondo negro en el que se te cuenta la historia de Kevin Carter, famoso fotógrafo sudafricano, que consiguió la fama gracias a una polémica fotografía, ampliamente discutida, de una niña africana famélica y tirada de bruces en el suelo con un buitre detrás, con las alas plegadas, inmóvil.
La obra de Jaar es literaria, mediante frases cortas va narrando la vida de este fotógrafo hasta que en un momento determinado, cuatro o cinco focos que rodean la pantalla se disparan simulando el flash de una fotografía y cegándote momentáneamente, mientras la pantalla muestra la única imagen de todo el video, la imagen de esa niña siendo acechada por un buitre.
Se dijo en clase durante el debate posterior a la visita a la galería que la obra de Alfredo Jaar no concienciaba lo suficiente, que no servía para nada, que lo único que hacía era crear una burbuja en la que, durante ocho minutos, te aislabas de tu mundo cotidiano para ver otra realidad, pero que la terminabas olvidando una vez salías de ella.
Sin embargo, yo creo que, a pesar de estar de acuerdo con el concepto de burbuja, no sales de ella con las manos, o más bien, la mente, vacías. El hecho de que el video carezca prácticamente de imágenes, y que las fotografías expuestas en la pared sean tan pequeñas, hace que la única gran imagen expuesta, la de la polémica fotografía, se te clave en la mente, y se te afiance ahí como el más resistente de los parásitos (siguiendo la línea de las ideas de Origen, de Nolan), de manera que sales de la burbuja con esa imagen en la cabeza. Como la critiquen después los espectadores, depende de cómo haya llegado la obra a cada uno, pero en mi caso personal, nada más llegar a mi casa, lo primero que hice fue coger el ordenador y buscarla para verla de nuevo.
La exposición, haya suscitado rechazo o aprobación, no deja indiferente a nadie.
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