Buitres.
Julia Natalia Torres
Sin dejar de lado su uso característico de las cajas de luz, en esta ocasión, y valiéndose de la creación de este aislado espacio en el que el espectador se introduce, consigue crear una barrera que al entrar, consigue dejar fuera la cotidianeidad de nuestras vidas para enfrentarnos a 8 minutos de hechos realmente incómodos que normalmente preferimos evitar.
Con obras como “Proyecto Ruanda”, el propósito del autor en todo momento es despertar la conciencia adormecida de la sociedad, haciendo una reflexión sobre la condición humana, el papel social del arte y la capacidad comunicativa de la imagen.
Los textos presentes en la obra, otra de las características del autor, se reproducen a una velocidad superior de lo que sería una lectura cómoda del espectador, lo que agudiza en él, esa incomodidad ante los temas tratados, ya que por su componente ético, ante todo, es una obra que exige una reacción política y social pero sobre todo humana. Y al mismo tiempo reivindica lo estúpido de la descontextualización de las imágenes y la utilidad del texto para que esto no se produzca.
Jaar aúna la crítica de la ética insuficiente, con un lenguaje claro y con la creación de operativos estéticos de gran belleza, así, la denuncia pasa a ser arte.
La llamada de atención sobre la ceguera de la sociedad ante la pobreza y la lucha por los Derechos Humanos son el nexo de unión entre “El sonido del silencio”, y la otra obra expuesta en la galería, “Tres mujeres”, a las que Jaar, pretende iluminar. Es curioso el contrate entre ambas pues mientras que el trabajo de estas tres grandes luchadoras apenas tiene repercusión mediática o económica, la foto del “Artista carroñero” ha suscitado grandes debates y ha generado grandes cantidades de dinero.
Y aunque podríamos ver comprometida la moral del fotógrafo, debemos entender que la misión de este, es precisamente la de mostrarnos la realidad el mundo, ser testigos de estas realidades, es su manera de intervenir.
En parte el valor mediático de la imagen se produce porque nos resulta muy fácil culpar a Carter de ser un “buitre” cuando en realidad el buitre somos nosotros.
La obra de Jaar es en cierto modo necesaria para que recapacitemos sobre el alcance del arte como elemento reaccionario, de lucha y de protesta.
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