jueves, 28 de octubre de 2010

Botticelli & Co

Elena González-Moral Ruiz
¿Hasta qué punto el dolor psicológico supera al físico? Una respuesta a esta pregunta es la historia de Nastagio degli Onesti, pintado por Botticelli en 1483. Dejando atrás las dudas acerca de su autoría, y centrándonos en su temática, nos narra como Nastagio, un joven rechazado por su enamorada, presencia en un bosque como una doncella desnuda huye de un cazador que, tras alcanzarla y abatirla, le arranca el corazón y se lo da a sus mastines para que lo devoren. El caballero le explica a Nastagio que, rechazado una y otra vez por su amada, se suicidó, y debido a la indiferencia de ella, los dos fueron condenados a un interminable ciclo repetido cada viernes. Nastagio, superado su horror inicial, decide usar ese dolor ajeno en provecho propio, mostrando la macabra escena a su dama y su familia, tras atraerles al bosque con la excusa de una comida, consiguiendo así que ella, por miedo, acceda a casarse con él. Un supuesto matrimonio feliz que nace del horror y el chantaje emocional.
Volviendo a la historia particular de los condenados, uno por suicidio y la otra por frialdad, uno se pregunta quién es el mayor culpable de los dos. Para mí, la respuesta es clara. El responsable directo de un suicidio es aquel que lo comete, su autor. Pese a que el rechazo de ella fue la causa, la decisión fue tomada por el caballero, Guido degli Anasti, quién libremente escogió arrebatarse la vida, puede que incluso para provocar culpabilidad en el corazón de su amada. ¿La indiferencia de ella realmente merecía ser castigada? ¿Tan débil era él ­­como para no poder soportar que una mujer le negara su amor? ¿Por qué es ella la que tiene que ser constantemente perseguida, atormentada, herida y asesinada? ¿Sufre más el culpable de la muerte del caballero que la causante? ¿Hasta que punto el dolor psicológico supera al físico?
Citando el texto original de Boccaccio, el caballero dice: “Nastagio, no te molestes, deja hacer a los perros y a mí lo que esta mala mujer ha merecido”. En estas palabras se puede ver que el amor que sentía por ella ya no es tan fuerte, puesto que la llama mala mujer, y admite que el terrible dolor que sufre lo merece. Así pues, aunque él es el más culpable, y el que merecería el castigo mayor, es ella la que soporta el dolor de que le arranquen el corazón una y otra vez.
Es por esto por lo que los cuadros me resultaron desagradables y de mal gusto, por la misoginia que se desprende de ellos, ofreciendo la visión de que es la mujer la culpable de los males sucedidos en la historia.

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