Daniel Palacios González
La anónima figura de Banksy ha supuesto un cambio en de la concepción del arte contemporáneo. Es una muestra de cómo contra el pronóstico más posmoderno de la muerte del arte, el arte se encuentra más vivo que nunca. Y a su vez, su figura y producción son testimonio de cómo ha quedado reconocida la tendencia del arte urbano, y dicho reconocimiento se ha producido al igual que el de la gran mayoría de las tendencias artísticas de los últimos doscientos años, con su comercialización y entrada en el mercado. Así podemos verlo en “Exit through the gift shop”, y en la polémica que traen sus presuntas colaboraciones con firmas como Puma, MTV o Greenpeace.
Sin embargo dejando a un lado la problemática de la comercialización del arte apreciamos en Banksy una vasta obra. De la escultura al performance. Una obra producida no espontáneamente como pueda ser el grafiti más convencional que se ha desarrollado desde los ochenta hasta nuestros días. En Banksy encontramos un estudio de las formas, una premeditación, un conocimiento del arte previo, una alta habilidad técnica en la ejecución e incluso una conciencia política y social. Difícilmente se puede criticar a Banksy como artista pues cumple los requisitos tradicionales, siendo además un artista que al igual que otros en su movimiento como Shepard Fairey o Space Invader, ha logrado esa nueva dimensión del arte. Se trata de la creación artística llevada a la calle, involucrándola en los espacios cotidianos de una forma ilícita, que rompe con el bombardeo publicitario. Banksy sería una anomia, pero una anomia que ya ha sido reconocida por la estructura social y el arte urbano ha sido una fuerte innovación, y efectivamente ha sido eso. Es muestra del dinamismo artístico, pero también lo es de cómo continuar en la misma línea como hace Thierry Guetta o en un caso cercano, SpY en Madrid. Es llegar tarde y realizar únicamente unas obras que como se dice en “Exit throuh the gift shop” en referencia al primero, que “podrían ser de cualquiera” y como el mismo Banksy alega que ya no incita a cualquiera a hacer arte dadas las consecuencias que ha tenido el hacerlo.
Sea como fuere, Banksy ha sido etiquetado, pero no olvidemos que sigue vivo y que su obra seguirá produciéndose. Sería fácil para él desaparecer hoy y engrosar mañana los manuales de arte contemporáneo, siendo el verdadero reto su trayectoria futura y su autentico enemigo el encasillamiento por parte de la fatal alianza del el mass media y del mercado.
Sin embargo dejando a un lado la problemática de la comercialización del arte apreciamos en Banksy una vasta obra. De la escultura al performance. Una obra producida no espontáneamente como pueda ser el grafiti más convencional que se ha desarrollado desde los ochenta hasta nuestros días. En Banksy encontramos un estudio de las formas, una premeditación, un conocimiento del arte previo, una alta habilidad técnica en la ejecución e incluso una conciencia política y social. Difícilmente se puede criticar a Banksy como artista pues cumple los requisitos tradicionales, siendo además un artista que al igual que otros en su movimiento como Shepard Fairey o Space Invader, ha logrado esa nueva dimensión del arte. Se trata de la creación artística llevada a la calle, involucrándola en los espacios cotidianos de una forma ilícita, que rompe con el bombardeo publicitario. Banksy sería una anomia, pero una anomia que ya ha sido reconocida por la estructura social y el arte urbano ha sido una fuerte innovación, y efectivamente ha sido eso. Es muestra del dinamismo artístico, pero también lo es de cómo continuar en la misma línea como hace Thierry Guetta o en un caso cercano, SpY en Madrid. Es llegar tarde y realizar únicamente unas obras que como se dice en “Exit throuh the gift shop” en referencia al primero, que “podrían ser de cualquiera” y como el mismo Banksy alega que ya no incita a cualquiera a hacer arte dadas las consecuencias que ha tenido el hacerlo.
Sea como fuere, Banksy ha sido etiquetado, pero no olvidemos que sigue vivo y que su obra seguirá produciéndose. Sería fácil para él desaparecer hoy y engrosar mañana los manuales de arte contemporáneo, siendo el verdadero reto su trayectoria futura y su autentico enemigo el encasillamiento por parte de la fatal alianza del el mass media y del mercado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario