domingo, 3 de octubre de 2010

CARTELES QUE REVIVEN

Carlos Garaicoa nació en La Habana en el año 1967 y ha expuesto en conocidos centros de arte tales como el Irish Museum of Modern Art de Dublín o el Museo de Arte Moderno de Medellíny, y que ha participado en la Documenta de Kassel (exposición que mostraba el desarrollo de los grupos artísticos más relevantes de principios de siglo).
Es un artista muy interesado en relacionar el arte con la ciudad permitiéndonos conocer aspectos ocultos de los carteles de los comercios de La Habana a base de la transformación de los títulos de estos carteles. Así carteles con nombres como La lucha o Reina han sido manipulados por parte del autor dándoles un nuevo y más detallado significado que nos permite conocer los pensamientos de los ciudadanos de esta ciudad cubana relacionados con el deseo de cambios sociales y políticos, dando lugar a títulos tan sugerentes como Reina destruye o redime y La lucha es de todos.
Este sueño de fabricar alfombras con los nombres manipulados de los establecimientos comerciales de La Habana comenzó en el año 2006 realizando las fotografías de los carteles de las fachadas de los edificios y que ha sido prácticamente pensado y realizado en Madrid. El autor resalta la importancia que ha tenido para toda su obra la realización del trabajo en equipo ya que a lo largo de su carrera ha necesitado la ayuda de gran cantidad de personas para el desarrollo de sus obras, como por ejemplo técnicos o arquitectos.
En la exposición siete tapices se presentan sobre el suelo de la antigua cámara frigorífica del Matadero de la ciudad de Madrid. Esta exposición es una forma de devolver a la vida antiguos carteles comerciales de la ciudad de La Habana. Quizás lo que más llame la atención de la exposición sea que lo primero que hay que hacer antes de entrar es quitarse los zapatos para recorrer la sala descalzos, sala que se encuentra casi en su totalidad a oscuras y los pocos focos de luz que encontramos se encargan de iluminar los siete tapices dándoles así una mayor relevancia.
En mi opinión la exposición de Fin de silencio de Carlos Garaicoa nos permite conocer a partir de los siete tapices la situación de la ciudad de La Habana, son tapices que nos permiten averiguar cómo piensan sus ciudadanos respecto a la política y a la sociedad, y que nos dan a entender que desean cambios en varios aspectos de la ciudad pero sobretodo en los dos nombrados anteriormente. Son carteles reivindicativos que buscan poder expresar los sentimientos de la población que Carlos Garaicoa ha sabido manipular de tal forma que ha logrado mostrar su significado completo, reviviendo estos antiguos carteles.

“Corderos al matadero”

Un lugar tétrico para una exposición en la que te sumerges de lleno en el silencio y en la oscuridad, creándote una imagen de La Habana muy distinta de la que se puede tener, donde el bullicio y el ruido o la claridad de la luz de imágenes estereotipadas que la mayoría tenemos sobre esta ciudad, desaparecen y dan paso a un caminar “sobre” ( y recalco esta palabra ya que realmente caminas sobre la exposición) una ciudad con una visión crítica y nostálgica a la vez.

Siete tapices que nos hablan de carteles de antiguos comercios en los que se modifica su forma original para mostrarnos un arte con un mensaje el cual te lleva a cuestionar y reflexionar el estado social y político en el que se encuentra La Habana, una ciudad tan cercana y tan alejada a la vez de la nuestra.

“Abierto X Obras” te da la oportunidad de transportarte y de pasear por las calles de esta ciudad, a la vez que lo hacen los propios cubanos, ya que se nos muestran videos en el que podemos ver estos carteles, estos letreros y los pies de sus ciudadanos, de una manera mucho mas vivencial.

El artista nos acerca a la obra de arte de un modo diferente, estando dentro de la propia obra, alejándonos así de la mera contemplación a la que la mayoría estamos acostumbrados, en la que observamos la obra desde una distancia fijada e intentamos comprenderla de este modo.

Aquí, y creo que esto es un hecho importante y un punto positivo para Carlos Garaicoa, no solo observamos la obra, si no que también la vivimos, la pisamos, la palpamos. Caminamos sobre tapices hechos con hilo, hasta su mas mínimo detalle, no un simple tapiz en el que se imprime la foto, con las que el autor comienza su obra, en la que podemos pisar y sentir el tacto de una alfombra a la vez que nos choca y nos contradice la sensación a lo que vemos, ya que aparenta terrazo, propio suelo.

Una visita guiada por unos focos que te indican donde esta el valor central de la obra, por un espacio oscuro, lúgubre, que creo complementa a la obra en si para acercarnos a su significado crítico y que nos lleva como “corderos al matadero” donde exactamente quiere el autor, a una reflexión social sobre La Habana y el socialismo.

Finalizando, he de decir que investigando sobre el porque de esta obra, ya que en mi opinión si se acerca uno a una exposición sin cuestionarse el porque, sin investigar sobre el significado de esta, la visita queda vacía y vana, es importante recalcar que el propio Carlos Garaicoa, se aleja de la obra como creación propia para dar paso a una obra como creación de un equipo. Se refleja a si mismo como cabeza pensante pero valora y resalta la creación de la obra como ejecución en equipo, algo que me parece sabio ya que siempre intervienen mas manos a las que se hacen referencia y me parece un punto de humildad del propio autor con el que se llega a comprender mejor este paseo por La Habana del que nos ha hecho protagonistas.

El poder de las palabras.

Por Marta Sánchez- Puebla Flores

Sumidos en la pequeña penumbra de la sala que nos recuerda a una antigua mezquita árabe (personalmente a mí se me asemejo a una de ellas) encontramos las iluminadas alfombras de las que se compone la obra de Carlos Garaicoa “Fin de silencio “expuesta en la zona ABIERTO X OBRAS del matadero de Madrid. Dicha obra se compone de unas alfombras que, a simple vista nos parecen tejidas con hilos, pero que en realidad se trata de fotografías tomadas a antiguos letreros de comercios que aún perduran en La Habana (Cuba) tratadas digitalmente de tal manera que parece que ante nosotros tenemos pequeños trozos de la ciudad cubana a los que Garaicoa, cambiando un poco o nada dichos letreros quiere otorgar un gran significado, pues no es una simple obra visual, sino una obra de carácter textual de la que el artista quiere que el espectador saque sus propias reflexiones. Es también una crítica a la política del gobierno cubano que se muestra en letreros tales como: “Frustración de sueños, festines de sangre…”, además alude también a una utopía política que se desmorona.

Es una obra cercana al arte conceptual y fue creada para un sitio especifico (en este caso la sala del antiguo matadero) una de las inquietudes de Garaicoa que muestra en sus obras es su preocupación por la ciudad, por lo que para observar con mayor detenimiento esta obra es necesario descalzarse, ya que así logra una interacción ente la obra y el espectador y llega a parecer que la gente que visita la exposición esta andando por la propia ciudad de La Habana. Para completar esta función en la que la cuidad se convierte en protagonista y se percibe a través del ciudadano (el cual, el artista quiere que se detenga a mirar lo que hay a su alrededor, al contrario de lo que la gente suele hacer) en la sala se encuentran unos monitores donde se proyectan unos videos en los que aparecen los lugares reales donde Carlos Garaicoa se inspiro para su creación.

El hecho de tener que descalzarse para poder entrar a ver la obra, (ya que hay que pasear por ella ), en una sala en penumbra , solo iluminada por la luz (a la que Garaicoa otorga un gran papel ) que reciben las alfombras es una forma de arte inusual a la que la mayoría de las personas no están acostumbradas, pero esto solo aumenta la fascinación que se siente al verla, y que unidas a los mensajes que el artista a dejado por la sala hace que se unan tres artes: el arte de caminar, el arte de observar y el arte de reflexionar.


¿Artesanía o tecnología?.

El Matadero de Madrid, uno de los centros de arte contemporáneo más importantes de la capital, dedica una de sus salas a Carlos Garaicoa. El artista cubano nos presenta una exposición compuesta por una serie de alfombras sobre las que se pueden leer enunciados contundentes. Además, se proyectan dos videos enfocados sobre el suelo y algunas de las citadas alfombras. El origen de las mismas son algunos carteles de tiendas y restaurantes de la ciudad natal del artista, La Habana. Carlos Garaicoa es un artista preocupado por su ciudad y es por lo tanto una reflexion urbana.
En la obra de Garaicoa se aprecia la importancia crucial de las palabras, por lo que se puede considerar que es casi arte conceptual (estilo artístico que considera más importante la idea que el objeto, la obra prevalece sobre sus aspectos formales). Las alfombras cuentan con un fuerte caracter hiperrealista porque estan reproducidas con gran objetividad y fidelidad.
La técnica empleada en estas alfombras es particular porque parecen tapices pero, han sido digtalizadas tras la toma de fotografías de las mismas. Por lo tanto, se ha producido una modificación de la obra respecto a la original.
Por un lado, cabe señalar la elección de un sitio específico para que haya un diálogo entre la obra y el espacio. Sobresale el hecho de que la exposición se visite con los pies desclazos. Ésto, tiene relación con la religión porque en algunos edificios sagrados así lo exigen. En la exposición, el espectador tiene un papel decisivo. Además, destaca la colocación dos videos sobre algunas alfombras. Gracias a estos videos, el espectador puede remitirse al luagr real donde el artista se inspiró, en las calles de La Habana.
Por otra parte, la obra se puede considerar como una reflexión acerca de la relación de Garaicoa con Cuba, su país natal. A pesar de ser un artista que se le permite la entrada y la salida de su país, en la obra hace alusión a propaganda política y a la situación del Estado. La obra tiene un carácter crítico y de utopía política.
Para finalizar, la obra fin de silencio de Garaicoa me ha parecido muy interesante porque es chocante y rompedora frente a la idea que se tiene de una exposición convencional. Esa innovación se aprecia nada más entrar en la sala, la visita se debe hacer con los pies desclazos. Otra razón, es la posibilidad de tocar, andar o deslizarse sobre las obras. A todo esto, hay que añadir la oscuridad predominante que facilita que el espectador se centre únicamnete en las alfombras y los videos que se proyectan.
En resumen, una exposición que parece estar formada por simples alfombras pero, que tiene un importante trasfondo.

El arte de caminar y observar



El arte de caminar y observar

Mª Teresa de Cal Muñoz

Estos tapices, compuestos por hilos mezclados, hechos de forma digitalizada tienen la función, de que cuando entramos a la exposición, nos dan la sensación, de que son un trozo arrancado de la calle, y ha sido colocado allí; es una obra tan realista, que es como si estuviéramos pisando la propia calle; realista con detalle, realista hasta en tacto. De ahí, que para entrar en la Exposición, situada en la zona ABIERTO X OBRAS del Matadero de Madrid, haya que descalzarse. Con esto Garaicoa pretende que nos sintamos dentro de la obra, que podamos caminar sobre ella (aunque como quizás la mayoría hicimos, nadie se atrevió a pisarlas directamente; esto viene dado, porque no estamos acostumbrados a este tipo de arte, un arte que pone al espectador dentro de ella).

Esta obra consiste, en el arte de caminar, el arte de observar detenidamente, lo que cuando vamos por la calle diariamente no nos fijamos. Esto lo podemos observar en el material audiovisual del que, aparte de los tapices, consta la exposición; en estos se observan los pies de los ciudadanos cubanos, y como diariamente pasan por esas calles donde están impresos algunos de los textos que recogen las alfombras de Garaicoa.

También hay que destacar, que la sala en la que residiría hasta el 7 de Noviembre esta obra, no es una sala escogida al azar, al artista previamente se le ofreció y tuvo que crear esta obra, a partir de esta sala. Una sala que correspondió antiguamente a la cámara frigorífica del Matadero. Como podéis observar en la foto situada en la cabecera de esta crítica, es una sala algo siniestra, tanto por su antiguo carácter (que yo personalmente no conocía) tanto por como esta predispuesta la sala, todo a oscuras excepto los tapices que están rematados con una gran luz cenital que ilumina todo el tapiz de una punta a la otra.

Lo que saco yo de todo esto es que el artista quiere que nos sintamos reflejados con su obra, identificados con ella, que nos paremos detenidamente a observarla para comprenderla, ya que no es una obra que veas y con la primera impresión puedas sacar conclusiones. Quiere que nos sintamos como un ciudadano cubano que va paseando por esas calles, pero que este si se fija en el suelo por el que camina, y gracias a eso puede ir tejiendo e hilando palabras que se encuentra en ese suelo. Ese es el cometido de Garaicoa, observar las calles, y unir palabras sueltas para formar frases completas, o incluso solo con un determinante y un sustantivo le vale, para reflejar una concienciación del pueblo, reflejar la muy posible nostalgia o incluso la visión de ese pueblo cubano.

La letra agrietada



Una vez entras en la oscura sala que alberga la exposición, tu vista se dirige directamente a los espacios iluminados donde reposan las obras. En primer lugar, llama la atención su sorprendente originalidad en materiales. No solo son tapices, alfombras fabricadas a partir de modelos reales del suelo de la Habana, sino que ademas, están expuestas como los originales, tendidas en el suelo, como si el espectador fuera otro peatón más que se detiene a observar los mosaicos que ocupan la calle. Cuando te acercas, llama la atención la sencillez de los tapices y, al mismo tiempo, su complejidad. Con apenas unas pocas palabras, Carlos Garaicoa ofrece infinidad de interpretaciones, mientras su obra, que conecta directamente con el espectador, le ofrece la posibilidad de ver, de tocar, de sentir. A pesar de los distintos significados que pueden extraerse de los mensajes plasmados en la obra, yo me inclino hacia una interpretación pesimista aplicada a la política. Si se tiene en cuenta la difícil situación política que está viviendo Cuba, se observa con otros ojos, no solo el ambiente que rodea los tapices, lúgubre y sombrío, sino también lo que pueden implicar las palabras, como por ejemplo, destrucción (“El volcán estallará…”, “Festines de sangre”, “Reina, destruye o redime”), las mentiras (“Falsedad de sombras”), la tristeza, en resumen, una sombra proyectada sobre el pensamiento.
Centrándonos más en algunos textos, consideró más importante el que cita “El volcán estallará, iluminados esperamos”. En esta frase se puede interpretar el volcán como el pueblo cubano, que, reprimido por el régimen político, estallará algún día, mientras que los “iluminados” podrían ser aquellos que anhelan ese estallido y esperan a que ocurra. Claro está que esto tan solo es mi interpretación de esta obra en particular, ya que su significado podría ser muy diferente. También se puede ver en las obras que existe otro tipo de mensajes, como exhoratativos, que invitan al espectador a vivir y morir sin miedo ni rival, o a concienciarnos de que la lucha es de todos y de todos es la lucha. Estos mensajes son los que reafirman la intención del autor de conectar directamente con los espectadores mediante su obra.
Finalmente, al confrontar el texto de “La general tristeza negará placeres” (nueva alusión a la represión y melancolía) mi vista se dirigió hacia la grieta que atravesaba la esquina inferior derecha, justo al lado de una “s” trazada con pulso firme y escritura simple. Las fisuras que atravesaban todo el tapiz, ligadas estrechamente con el mensaje que contenía, hablaban de amargura profunda y expresaban una pesadumbre incluso insoportable. Puede que el mayor mensaje que me haya llegado visitando esta fantástica exposición haya sido esa sensación transmitida por una solitaria letra agrietada.

sábado, 2 de octubre de 2010

PALABRAS Y PISADAS

PALABRAS Y PISADAS

CARLOS PEREZ PESTANA



Después de pasear, previo el obligado descalzarse, por la sala del Matadero "ABIERTO X OBRAS" y asimilar la primera sorpresa ante la originalidad de los materiales utilizados por Carlos Garaicoa para la realización de las obras expuestas, experimenté otra sensación de sorpresa, cuando hojeando los catálogos y escuchando la entrevista que le hizo el Sr. Castro Flórez, conocí a una clase de artista que, pensaba, se había extinguido desde aquellos lejanos tiempos del Barroco, en que los artistas trabajaban en poblados estudios dode se practicaba la división del trabajo: el artista-equipo. Arquitectos, maquetistas, informática, robótica, etc., forman parte del equipo que convierte en realidad palpable (y en este caso, pisable) las ideas artísticas de Carlos Garaicoa.
Pero la originalidad no sólo radica en los materiales y técnicas utilizadas, sino también en la temática de la exposición: antiguos rótulos embutidos en pavimentos de su Habana natal; rótulos que, modificados o ampliados, según la necesidad de expresión del artista, se convierten en alegatos amablemente subversivos, no sólo en la Cuba actual, sino también en cualquier modelo político-económico de sociedad. Desgraciadamente, no conozco Cuba (como Alberti, que nunca fue a Granada) pero tengo la sensacion de lo que en algunos lugares -demasiados- es represión política de la libertad de expresión y crítica, en otros muchos la represión es económica, mucho más sutil, eso sí, pero que actúa igualmente, obstaculizando la difusiónde aquella obra que pueda resultar incómoda para el sistema y sus controladores.
Carlos Garaicoa toma rótulos y letreros embebidos en los pavimentos de La Habana e ironiza con el hecho de que los mismos ya no anuncien nada: los comercios o entidades a los que servían ya no existen, son fantasmas de un pasado ya lejano, y que supongo, a las generaciones posteriores de habaneros nada les dicen; son simples espectros inmortalizados en el suelo, como esas lápidas de cementerio bajo las cuales perduran los restos de personas a las que ya nadie recuerda. Pero en este caso hay una gran diferencia: el artista los resucita dotando de nuevas características al rótulo fantasmagórico, les añade su propia e irónica aportación, los cambia para, así, insuflarles nueva vida en un nuevo contexto que éllos no llegaron a conocer:lo actual.
¿Nostalgia o pesimismo? Pienso que el trabajo que se muestra en la exposición tiene más de pesimismo que de nostalgia. El autor, dada su relativa juventud, no parece que pueda sentir nostalgia por un mundo para él desconocido, pero sí padecer un cierto pesimismo ante un futuro que en Cuba -y en otros muchos lugares- se nos presenta repleto de dudas. Ésto lo podemos ver y sentir en esa ciudad de velas ardientes que, vemos en los catálogos, allí se deconstruye.